La obsesión por diferenciarse no es una virtud creativa,es un síntoma de saturación.
Cuando todo pide atención, la diferencia deja de ser una consecuencia y se convierte en una consigna.Un mandato más,una exigencia de mercado…
Pero los mercados no habilitan singularidades,producen variaciones controladas.
Así, se observa como se cambia el tono, la estética, el vocabulario. Pero la estructura sigue siendo la misma. Por eso, la mayoría de las marcas “distintas” son en verdad copiables, puesto que siguen operando dentro del mismo orden simbólico. Discuten en la superficie lo que nunca se permiten discutir en sus pilares basales
Buscar diferenciación dentro de un sistema homogéneo (que habilita diferencias pactadas por agenda) sólo genera más ruido,mayor competencia por visibilidad y más ansiedad por originalidad.
Una violencia sutil hacia la propia forma.
Una violencia ,casi indetectable que además está legitimada por los sujetos.
La verdadera diferenciación aparece cuando una estructura deja de obedecer la lógica dominante de visibilidad como valor.
La diferencia no se construye,se manifiesta cuando algo deja de negociar su forma para encajar, con el costo que implica.
Es que lo diferente no se reconoce por mérito sino por ruptura.Así,tenemos que comprender que toda ruptura implica pérdida:
La diferencia real no se anuncia, no se viste para...,no se explica,no se defiende.
Es desorganizante,incomoda lenguajes y lugares comunes. Y sólo puede sostenerla una estructura que ya no necesita ser validada por el mismo campo que la está alienando
Ahí vive su belleza
La Imperatrisa †